viernes, 18 de noviembre de 2016

4.Caso de detección temprana

He elegido este caso porque es el que he experimentado más veces en mi experiencia docente. Muy a menudo me ocurre que me cuesta darme cuenta de si en mi aula existen conductas de acoso escolar o simples comportamientos reprobables en la dinámica del grupo. En este sentido considero de la mayor importancia el detectar y corregir aptitudes en su origen. Soy profesor de Secundaria, y quizás muchas de las aptitudes de los alumnos tienen su germen en conflictos dados en Primaria, en donde considero que es todavía más importante su detección, pero este caso me parecía el más interesante.

A pesar de que ni el sociograma ni el autoinforme sean excesivamente concluyentes a la hora de diagnosticar el caso, me puedo imaginar un grupo en donde se dan estas características, por la experiencia que tengo precisamente en un grupo del que fui tutor un año. Se trataba de un grupo de 2º de la ESO muy disruptivo, bastante cohesionado, con pocos conflictos entre ellos pero si en el Instituto y con los profesores. El alumno 3 era nuevo en el Centro.
La intervención debería pasar por la entrevista personal con algunos de los implicados, la intervención con los alumnos que han iniciado los insultos, la reunión de la junta de evaluación del grupo y la elección de un par de alumnos-ayuda para atajar el conflicto.
En la entrevista personal con él manifestó su malestar al haber sido destinado a esa clase, a pesar de que uno de sus compañeros, el alumno 22, era su primo y se llevaban bien. Manifestaba su interés por los estudios y su preocupación porque en esa clase, según él, el nivel era más bajo que el de otros grupos de 2º, y no se callaban nunca mientras el profesor explicaba. Se quejaba de que muchos alumnos le llamaban "empollón".
En la entrevista personal con el alumno 22, su primo, manifestó su afecto por el alumno 3 y su opinión de que los insultos no eran tan graves y que en realidad vienen todos motivados por el hecho de que el alumno 3 pidiera siempre más deberes a sus profesores y que mandara callar a la clase, cuando ese no era su cometido. Se trata este un caso de víctima activa.
Se decide hablar con el alumno 25, que además de ser considerado líder del grupo, según todos los profesores es de los más inteligentes y de los que mejores resultados académicos saca, para sentarlo a su lado, y con su primo, el alumno 22, para que hable con él y le haga ver que debe rebajar su exigencia con los demás, dado que no es su tarea la de mandar callar a la clase o decirles a los profesores lo que deben poner de deberes.
También se reúne a la junta de evaluación para que estén pendientes de corregir con más rigor, tanto la disrupción del grupo en general, como las actitudes insolentes del alumno 3 con los demás. Se propone seguir estar situación mensualmente.
Finalmente se realiza otra entrevista con el alumno 3, comunicándole los cambios que se van a hacer en clase y recomendándole que se concentre en sus estudios con la ayuda del alumno 25 y el alumno 22, que están dispuesto a ayudarle en su integración en el grupo.
Con estas actuaciones, en principio, podríamos haber resuelto un problema de acoso en su fase temprana en un caso de víctima activa con problemas de integración.

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